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LA PRESA ITURBIDE

Por
Angel Carlos Herrera (Shadow Sniper)
14 a 16 Jul, 2000
 

Salimos de Naucalpan a las 16:30 horas, con rumbo a la Presa Iturbide, ubicada al norte del Estado de México, en el municipio de Isidro Fabela, cerca del Cerro Catedral y el Centro Ceremonial Otomí, aproximadamente a una hora y media de Ciudad Satélite.

Sufrimos algunos desperfectos mecánicos en el camino, debido a que el otro auto que llevábamos presentaba fallas en la carga de la batería. Tuvimos que empujarlo con el otro auto unos 12 Km. en subida, obviamente se sobrecalentó y debimos esperar media hora más a que se enfriara. Finalmente llegamos a la presa, ya eran las 17:15 PM, y conforme nos acercábamos, podíamos ver los inmensos bosques de oyamel y pino de los alrededores. El paisaje montañoso era increíble, bello y con un limpio cielo azul de fondo, no había ni un rastro de nubosidad, en pocas palabras, era un día perfecto.

Comenzamos a bajar todo el equipo que llevábamos, entre algunos artículos, traíamos 2 lanchas inflables, y un motor operado con batería de auto de 12 V.

El descenso hasta la presa fue breve, más o menos 25 m desde la carretera; conforme descendíamos, se podía apreciar el sol poniéndose tras las montañas, resplandeciendo aún sobre la superficie del agua, era un momento mágico. Ya al borde del agua, junto a la cortina de la presa, desempacamos las lanchas y comenzamos a inflarlas, el proceso nos tomó como 30 minutos.

Cuando terminamos, el sol ya se encontraba por detrás de las montañas, pero se apreciaba un hermoso reflejo dorado en las pocas nubes que aparecieron unos minutos atrás. Esa poca luz solar nos ayudó a encontrar el lugar idóneo para acampar, desde a bordo de las lanchas, con una parte de la carga. Hallamos un excelente lugar, junto a una cabaña que parecía abandonada. El sitio estaba lo bastante plano para colocar las 2 tiendas de campaña juntas. Desembarcamos la parte de la carga que llevábamos, y junto con mi primo me quedé a armar el campamento, mientras mi tío volvía por el resto de mis primos y el equipo faltante.

La temperatura descendía bruscamente tras la puesta del sol, de 22°C, bajaba hasta 8°C en cuestión de minutos, así que nos dimos prisa en armar las tiendas y comenzamos a buscar leña para la fogata.

Finalmente regresaron los miembros del equipo y la carga faltante, para entonces ya teníamos nuestro trabajo hecho, ahora faltaba buscar leña mientras los demás preparaban las lámparas de gasolina y guardaban las cosas dentro de la tienda de campaña-almacén.

Encendimos una buena fogata para defendernos del frío, pues esa noche debíamos hacer guardia hasta el amanecer, todo por precaución, debido a que muchos compañeros míos del foro y del de mi tío nos advirtieron que podían presentarse asaltos. A otro primo y a mí nos asignaron la primera guardia de la noche, a partir de la 1 AM y hasta las 3 AM. Como protección llevábamos un revólver calibre .22 y algunos cuchillos y navajas suizas; afortunadamente, no tuvimos que usarlos. ¡Vaya que hizo frío! Creo que llegamos a estar al menos a 1°C, pero resistimos muy bien junto a la fogata, de vez en cuando echando un buen vistazo alrededor para comprobar que no hubiera nadie. Era una noche realmente bella, la luna llena brillaba sobre nosotros, y había tanta claridad que ni siquiera era necesaria una linterna. Cuando terminó nuestro turno, nos fuimos a dormir, mientras nos relevaban otros dos primos, quienes hicieron guardia hasta las 5 AM, y posteriormente mi tío y un amigo de un primo hicieron la guardia de 5 a 7 AM.

A la mañana siguiente, la temperatura era más o menos de 5°C. Se podía apreciar una niebla casi mística sobre la superficie de la presa al ser iluminada por la luz del amanecer. El cielo estaba de un color azul intenso, con matices de dorado por la luz del sol naciente. Se apreciaba el contorno de los árboles alrededor nuestro y el aroma a aire puro de montaña era increíble. A pesar del frío nos sentíamos emocionados y felices de poder presenciar tan bello amanecer.

Después de desayunar huevos con chorizo acompañados de un delicioso café caliente, llevamos las lanchas al agua, era hora de comenzar la pesca. Tras montar el motor eléctrico y subir las cañas a bordo, nos dirigimos hacia el centro de la presa, en medio de la niebla matutina.

Desafortunadamente no logramos pescar nada, estuvimos ahí hasta el medio día, viendo cómo el cielo cambiaba de tono y la temperatura subía. Finalmente mi tío se rindió y nos dirigimos de regreso al campamento, donde mis primos y yo nos dedicamos a recorrer el lugar en busca de algo interesante.

Mis primos y yo abordamos las lanchas para recorrer la presa y divertirnos un rato, bromeando y contando chistes a bordo, así estuvimos toda la tarde, yo filmando y fotografiando el lugar, pasando un buen rato en compañía de buenas personas.

Ese día comimos unas deliciosas sopas Maruchan de camarones, excelentes para quitarnos el frío, escuchando algunos CDs que llevábamos. Pasamos un excelente rato, recordando viejas anécdotas de viajes anteriores que hemos hecho juntos, hemos visitado varias presas, ido a practicar snorkelling, MtB y rafting juntos; muchas cosas más, prácticamente hemos crecido juntos.

En la tarde hicimos trekking, estuvo agradable, ascendimos aproximadamente 270 m, al mismo tiempo que buscábamos leña para la noche.

Al anochecer, mi tío colocó las cañas de nuevo para ver si atrapaba algo, y así fue, consiguió una trucha arcoiris de tamaño mediano, aproximadamente 16 cm. de largo, para después soltarla; mi tío practica “catch and release” (atrapar y soltar). Él dice que si no se pesca por hambre, se deben dejar ir los peces, y estoy de acuerdo con él.

Esa noche cenamos unas quesadillas bastante sabrosas, junto al calor de la fogata. Hizo tanto frío esa noche, que no hicimos guardia, la temperatura llegó a los -2°C, si no es que menos.

Eso lo pudimos comprobar al amanecer, nos levantamos a las 6 AM, y al salir notamos que una de las lanchas resplandecía con pequeños reflejos del sol, al ver más de cerca notamos que era el rocío, estaba totalmente congelado, una capa de aproximadamente 2 mm de espesor de hielo sólido. No sólo las lanchas estaban cubiertas, también los toldos de las tiendas de campaña, estaban tiesos y helados.

Al salir el sol, se derritió el hielo, desayunamos un vaso de Zucaritas y café para luego salir a navegar. Estuvimos navegando por cerca de 4 horas.

Ya de regreso, fuimos a escalar un cerro, y a dar un último vistazo alrededor. Botaneamos un rato junto a la presa, oyendo música, para finalmente guardar todo e irnos. Salimos de ahí a las 16:20, y terminamos de empacar cerca de las 17:00.

Fue una experiencia muy agradable, espero volver pronto.