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CUMBRES MEXICANAS

Por
Alejandro Nieto Romo
1 Jan, 1970 a 30 Nov, 2004
 

Galería de Fotos de esta Crónica
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Galería de Fotos de esta Crónica7. LA MALINCHE. Una Cima Inesperada (finales de 1998)


La vez que la subí en solitario no pensaba hacerlo pero las circunstancias se dieron. Salí con Roque de la terminal TAPO hacia Apizaco. Al llegar allí compramos algunos víveres que nos faltaban y tomamos un taxi al albergue del IMSS. Al llegar allí, empezamos a subir y antes de llegar al Pico de Águilas, vi una gran piedra algo inclinada y alrededor troncos secos. Como no llevamos tienda de campaña, empecé a acomodar los troncos y minutos después empezó a ayudarme Roque a construir el refugio; cuando quedó terminado, nos dimos una vuelta hacia el Pico de Águilas y tomamos algunas fotos. Nos regresamos pronto porque habíamos dejado cosas allí. Prendí la fogata pero hacía mucho frío.

El humo entraba y el calor escapaba, fue una noche muy fría y con el humo no se podía respirar bien. Al día siguiente, Roque no se sentía bien y no le importaba llegar a la cima pero a mí si. Empecé la caminata, y al poco rato observé que en una tienda de campaña situada en los arenales observaban a alguien quien me supongo había salido una media hora antes que yo.

Cuando subía la pendiente fuerte después de los arenales, los demás bajaban porque parecía granizar pronto. Llevaba un par de tenis viejos puestos y con la humedad la bajada sería muy peligrosa, pero aún así continué subiendo, pasaba por mi mente el miedo de resbalar de regreso con las piedras mojadas. El viento era fuerte y desplazó a las nubes a otra región y no llovió. Al llegar a la cima saqué una foto a la cruz derribada y comencé a bajar contento de que el sol brillaba y a medio camino de la parte empedrada veía como la gente subía de nuevo y otra continuaba subiendo. El peligro gracias a Dios no llegó, pero la emoción siempre está presente. La bajada a partir del refugio fue tranquila, y para finalizar hubo otro riesgo al tomar un aventón en la parte posterior de una pipa de agua vacía, la cual bajó muy rápido, pero sin mayores percances regresé a casa.

Para finalizar, recuerdo que desde niño andaba por sus alrededores y tenía la ilusión de subir a la cima la veía impresionante. La primera vez que llegué fue con mis hermanos Félix y Agustín, después subí otras más con mis amigos. Es un bosque muy bonito el que tiene y las formaciones de roca y barrancos también me gustan mucho.



8.- EL NEVADO DE COLIMA. Antes de la Erupción del Volcán de Fuego.


En Semana Santa del 99 decidí subir, ya que meses atrás alguien me hizo un comentario sobre un club que organizaba una excursión al volcán, aunado a la oportunidad que se me dio de subir con el primo de Roque, que conocía el camino. El día del ascenso fue todo muy rápido: salimos desde la ciudad hasta la estación de microondas en una camioneta, pero antes en las cercanías del albergue nos tomamos unas fotos y se quedó otro primo de Roque, menor de edad, que le dio mal de montaña. Al terminar los arenales, empezó a incrementarse la pendiente y hubo tramos donde escalamos. El primo de Roque fue el primero en llegar; después, cuando llegué, esperé a su tío, el cual estaba cansado, pero Roque aún no llegaba y él tenía la cámara; entonces me regresé a ver si ya venía. Cuando lo encontré, ya le faltaba poco para llegar. Nos tomamos unas fotos, donde al llegar a la cima se podía observar el vapor que salía de las negras y calientes arenas del Volcán de Fuego, los lugareños nos habían comentado que ya estaba calmado, porque días antes hubo actividad. Lo que no sabíamos era la pronta erupción que vendría meses más tarde. Regresamos al comienzo de los arenales por unos familiares de Roque, y después a la estación de microondas. Finalmente pasamos al albergue por el primo que tenía mal de montaña y nos regresamos a Colima, llegando como a las 10 PM.



9. - EL COFRE DE PEROTE


En los años 70’s mi padre nos llevó a mis hermanos y madre al Cofre de Perote. Ahora que recuerdo, éramos pobres pero felices en un VW Sedán viejo. Nos dirigíamos de fin de semana al lugar, viajábamos con mis padres cantando en lo que llegábamos. Por el camino, me encantó ver, por la ventana del automóvil, los verdes sembradíos de patatas con sus peculiares agricultores: era tiempo de cosecha; más allá una yegua con su potrillo. Al llegar al final del camino, nos encontramos al Cofre. Por un momento supuso mi padre que hasta allí llegaríamos pero al bajarme empecé a darle vueltas al Cofre y entre brocales descubrí un camino, instantes después le aviso a mi padre y mis hermanos, llegando así hasta la cima. Allí, en una esquina, sobre la piedra, mi padre sacó su navaja y grabó la fecha y regresé finalmente veintitantos años después. La cima se encontraba rellena de cables y antenas, el clima seguía húmedo y frío. También estaba feliz de haber regresado y alcanzar de nuevo la cima, un poco mareado y cansado, pero bajamos y llegamos hasta Jalapa donde por fin dormimos.



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Alejandro Nieto Romo

Alejandro es un ingeniero que desde muy joven un aficionado al montañismo y exploración de México (sierras, cuevas, sótanos, ríos). Vive en la Ciudad de México.


 
Añadido: Sep 21, 2003Actualizado Mar 20, 2005Leído 3251 veces