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CUMBRES MEXICANAS

Por
Alejandro Nieto Romo
1 Jan, 1970 a 30 Nov, 2004
 

Galería de Fotos de esta Crónica
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Galería de Fotos de esta Crónica3 LA IZTACCIHUATL


3.1 Las Rivalidades (1998)

Otra más de mis historias en la que subo en Grupo Alpino Pax. Esta vez invité a mi hermano Agustín, el cual a veces me cuestionaba sobre el aspecto religioso del grupo en el que estoy. Le comentaba que los escándalos de novios casi no se daban, que era un grupo serio. A los quince minutos de viajar en el camión, me da un codazo, señalándome con la mirada a Luis Enrique y Patricia, que estaban asientos adelante y me dijo ¿no que no? Me sonreí, ahora que recuerdo meses después dejaron de ir al grupo y el año pasado les vi en la plaza de la solidaridad dándose unos arrumacos, ¿pueden imaginar que hasta casados terminarán? Regresando al relato, después llegamos a Amecameca, donde procedimos al riguroso desayuno de la clásica pancita del mercado, donde bromeamos un rato entre todos. Rentamos una camioneta que nos llevara a La Joya. Una vez allí, empezamos la caminata al refugio de Los Cien. En el último portillo Luis Enrique y mi hermano platicaban sobre las características de las rocas de alrededor.

Al llegar al refugio, todos cansados, unos más que otros se disponían a recostarse, cuando Esteban comenzó a cocinar. Unos cuantos más nos acercamos a cocinar y por supuesto también a comer, entre tantos un compañero nuevo estaba caminado a la par de nosotros los tragones. En su felicidad e ignorancia, no le preocupaba el vómito de postre, horas mas tarde. Le tocó en el tercer nivel en una orilla, junto a Pedro Huerta, al cual le pidió una bolsa de plástico cuando ya estaba vomitando. Esteban, que traía el botiquín, también lo ayudó, pero al día siguiente ya no intentó subir más. También en el refugio se encontraba Eduardo Tovar, compañero de Luis Antonio R., quien fue mi instructor cuando estuve en la UNAM, y que juntos tienen el récord de permanencia en el pecho del Iztaccíhuatl, quien estaba de instructor del grupo de Alta montaña que llevaba. A la mañana me comentó Luis que Miguel insistía en que mi hermano no debería subir, argumentando el reglamento del GAP, que por él, Luis, no había problema pero la insistencia era bastante. Después me dijo algo parecido Miguel. Yo le comenté a mi hermano que no podía subir con el grupo, que subiera antes o después. Le presté mi piolet y después Miguel le dijo a mi hermano: "para ti hasta aquí llegó la excursión para ti". Los demás comenzamos a subir hacia el refugio Luis Méndez, media hora más tarde empezó a subir mi hermano.

Mientras tanto Eduardo Tovar subía por una zona más empinada, Esteban le dijo que el camino era por donde esta la Cruz, pero él dijo "mi saber por donde" con tono extranjero. Al poco rato nos rebasó mi hermano, y el ritmo se hizo más lento por que aumentó la dificultad del terreno. Después llegamos al refugio semidestruído, nos colocamos los lentes y continuamos la caminata. Al terminar de subir la Arista del Sol, se recomendó que por norma nos pusiéramos crampones, pero era un día tranquilo, bello, raro que no había corrientes de aire, la nieve blanda, la temperatura agradable. En mi caso llevaba unos tenis de media montaña de suela blanda, por lo que los crampones se me salían, y acabé cargando uno amarrado a mi piolet como buen gamberro. A la mitad del pecho del Iztaccíhuatl me encontré a mi hermano, que ya venía de regreso le di un abrazo y continué hasta la cima. De regreso en la orilla del Pecho para bajar a la Panza, me acuerdo que llegó un señor con su cámara de video y nos filmó. Recuerdo que le mandé unas palabras a mi papá, pues estaba emocionado de alcanzar la cima. Tenía la idea de conseguir una copia del video, pero hasta la fecha no lo he conseguido. Después continuaron las aventuras, pero ésa es otra historia.


3.2 La Tormenta de Agua Nieve (Principios de 1999)

Aquella vez subí con dos amigos, uno sin y el otro con experiencia. Había sobrestimado al primero y pensé que podía él llegar al refugió de Los Cien, pero al empezar a subir desde La Joya, pensé que Roque se estaba haciendo el cansado. Más adelante, a escasos metros del último portillo, después de esperarlo un rato, se recostó y quería descansar más tiempo. En eso mi amigo Héctor comentó:

- "¡Ya no sube!".

Cuando las nubes venían hacia nosotros y el viento era cada vez más fuerte y frío, comenzó a lloviznar y por fin Roque comenzó a bajar y nosotras a subir por el último esfuerzo del día. Pero al poco rato de pasar el portillo comenzó el aguanieve, y los vientos como remolinos, hacían girar mi manga-toldo, que era muy pesada y no había servido de mucho, pues llevaba todas las piernas totalmente mojadas. Me tropezaba al caminar y con el lodo me resbalaba. Héctor me gritaba:

- "¿Por dónde es el camino?".

Estaba atrás a menos de 30 metros según mi oído, pero no lo podía ver. Quería caminar más rápido, pero el cansancio y lo resbaloso del terreno no me lo permitían, Héctor me esperó y continuamos la marcha sin distanciarnos tanto, hasta que llegamos al refugio.

El error fue en recostarme y descansar mojado sin cambiarme de ropa, pues me estaba entumiendo, cuando quise cambiarme sentía calambres. Cuando se percató mi amigo me ayudo a cambiarme, me recuperé, después le dije:

- "Ahora sí vamos a tomar sopa y café caliente", - pero la estufa que llevaba ya no tenía gas. Acabamos comiendo sardinas frías.

Al día siguiente estaba cansado pero Héctor tenía la curiosidad de conocer el camino. Ascendió por media hora y después regresó al refugio. Todavía teníamos el pendiente por Roque y bajamos a la Joya. Lo encontramos bien, aunque la tarde y noche anterior se había mojado y enfriado. Pronto partimos de regreso por la barranca de Alcalican y llegando en las primeras horas de la noche a Amecameca.



3.3 Los Témpanos Horizontales (Invierno del 98)

La emoción deportiva comenzó desde Puebla, de donde partimos a bordo del Jeep de mi prima, mi hermano Santiago, Juan Carlos (el esposo de mi prima) y su servidor. Íbamos rumbo a Amecameca para recoger a mi hermano Agustín, que venía del D.F. Después llegamos en el Jeep hasta La Joya. La caminata empezó un poco veloz de no ser por Santiago, que al esperarlo hizo que tomáramos un buen ritmo, pero Juan estaba muy emocionado y caminaba rápido. Cuando se incrementó la velocidad del viento nos pusimos guantes y gorra, también le dijimos a Juan pero no quiso ponérselos todavía. Media hora después, el esposo de mi prima me pidió que abriera su mochila para sacar sus guantes, ya que él no podía pues se le habían entumido los dedos de las manos. Finalmente llegamos al refugio de Los Cien. El viento aumentó, en las paredes del refugio se habían formado conos de hielo, como si fuera un refrigerador, pero dentro de éste sin el viento estuvo confortable la noche. Juan Carlos no pudo dormir bien por el mal de montaña, le estuvo doliendo la cabeza. Al día siguiente, de regreso por la mañana, la nieve estaba dura y caminábamos sin crampones siguiendo las huellas de otros alpinistas. El viento era muy fuerte, el frío se sentía con mayor intensidad, fue una nueva experiencia para mí.



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