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CUMBRES MEXICANAS

Por
Alejandro Nieto Romo
1 Jan, 1970 a 30 Nov, 2004
 

Galería de Fotos de esta Crónica
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Galería de Fotos de esta Crónica3.4 La Noche de la Tienda Rota y Vieja (Ayoloco 1997)

Esa vez subí con mis dos hermanos, Agustín y Santiago, el cual por ser el menor, en experiencia, edad y condición física, cargaba una mochila ligera y los restantes una normal y otra pesada. Nos las turnábamos por tiempo. Pensábamos dormir en el refugio de Ayoloco, pero al registrarnos en La Joya nos advirtieron que mucha gente pensaba hacer lo mismo y no llevábamos tienda de campaña. Al principio la caminata es tranquila porque bajábamos al origen de la cañada Alcalican. En esa parte llevaba la mochila pesada. Al llegar al fondo de la cañada empezamos a subir y seguía con la mochila pesada. Es una gran pendiente en cuanto a cantidad y longitud, al final de ella logramos ver a un grupo como de 6 alpinistas que no se movían. Agustín comentó:

- "¿Por qué no apresuramos el paso y los rebasamos para apartar lugar?".

Yo le dije que estaba muy cansado y fue cuando le pasé la mochila pesada. Continuamos subiendo hasta donde hay una cruz, allí tomamos un poco de agua y algunas fotografías, al poco tiempo volvimos a la marcha. Mi hermano Agustín me indicó por donde era el camino, y con la mochila mediana me adelanté para supuestamente apartar lugar, pero después de 45 minutos, al llegar al refugio, estaba completamente lleno. Dejé la mochila en la esquina exterior de la puerta y regresé para ayudar a Santiago, pues se veía mal. Los alcancé y le quité la mochila ligera, que poco lo ayudó pero supongo que hubiera llegado peor. Al estar los tres en las orillas del refugio, un alma caritativa desde dentro de este nos prestó su tienda de campaña, la armamos tensándola de las paredes de este y del otro lado con piedras. Las bolsas de dormir que llevábamos eran para bosque y algo viejas, pero al estar Agustín y yo armando, Santiago comenzó a sentir calambres, cosa de la cual no me di cuenta en ése instante. Fue cuando le dijo mi hermano Agustín a Santiago que se metiera a la tienda y nosotros acabaríamos de acomodar las cosas, luego me metí a la tienda y al final Agustín quedó en medio y estaba contento de saber que pasaría menos frío, pero la gracia no duró tanto, ya que Santiago se quejaba mucho del frío y como buen hermano tuve que cederle mi lugar, aunque la diferencia era poca. Pensaba que en la madrugada sería mayor. En esa pequeña tienda nos pasábamos el envase de refresco y la bolsa de pasas chilenas, pues no cocinamos nada para cenar. Al pasar las horas yo quería que amaneciera pero cuando alguien llegó a media noche me di cuenta que faltaba mucho para el amanecer. Los que llegaron tenían buen equipo y lo que era un charco de nieve en la tarde en madrugada era de hielo. Hasta la primera luz, salí de la tienda pensando que afuera hacía menos frío pero no era así: apenas terminé de orinar y me volví a meter a la tienda, que era un poco menos fría. Poco tiempo después, el viento disminuyó, salimos los tres hermanos y nos tomamos una foto en la peña Aguilera que algún día realizaré la ilusión de escalarla. Finalmente bajamos hasta Amecameca caminando, tomando fotos por la barranca de Alcalican disfrutando de la diversa vegetación, acorde a la altitud a lo largo del camino.


3.5 La Solitaria Noche en Chalchoapan (1997)

Era Un Domingo en el que salimos mis hermanos Agustín y Santiago. Tenía la leve intención de pernoctar, pero no lo manifesté al principio. Santiago quería probar hasta donde podía llegar teniendo como meta el refugio de Láminas. Subimos por la ruta de grapas, y en el medio día llegamos a Nexcoalanco. Al terminarse la pendiente de la caja a Trancas fue un descanso pequeño. Al entrar a Loma larga empezó de nuevo la emoción deportiva. Después de unas pendientes interesantes llegué al famoso Tumbaburros; a medio camino hice un descanso jadeando, como si hubiese corrido, aunque sólo caminaba constantemente. En mi mochila sólo tenía un refresco y una bolsa de dormir. Pensaba en que ser gamberro al menos así, sin afectar a terceros, era agradable. En este caso me defino como simple espectador. Algo raro, pero ya estaba allí, en el refugio de Chalchoapan. Pensé que esa noche estaría solo, pero al obscurecer llegaron dos o tres personas con tienda y acamparon en el refugio viejo. Yo quería hacer una fogata pero desistí, después desenrollé la bolsa de dormir en una litera y me acosté. De vez en cuando me asomaba por la ventanilla para ver el cielo; tuve la suerte de ver dos o tres estrellas fugaces, volvía a meterme a la bolsa de dormir mientras apretaba el botón para mirar el reloj, pues también quería regresar temprano.

El regreso a las 5 AM fue realmente emocionante. El caminar a obscuras y en penumbra, arrastrando las plantas de los pies para no caer, es una experiencia inolvidable. Hubo un momento en que de plano esperé a que clareara un poco, y a lo lejos veía la tenue luz de la estación de microondas de Altzomoni. Poco después ya había terminado de recorrer el Tumbaburros, y a Láminas llegué con iluminación aceptable. El resto del retorno a San Rafael sólo tenía que cuidarme de no resbalar en el lodo.


3.6 La Circunvalación (17 y 18 de mayo de 2003)

Comenzamos a subir con buen ritmo los cuatro. Paco, un poco emocionado, apresuraba el paso. En el primer portillo comimos un poco y platicamos, en el segundo casi no nos detuvimos y en el tercero empezamos la travesía pasando por donde nunca antes lo había hecho a través de rocas que se movían en la arena al pisarlas.

Después de unos minutos de salir del tercer portillo subimos por unas rocas donde había un paso expuesto. Después de Agustín pasó Paco y muy pegado yo iba, cuando él resbaló un poco y pensaba que también resbalaría, pero instantes más logré pasar. El que se quedó momentos parado cogido de una roca fue Bonilla. Pidió ayuda a Agustín, pero como al subir Paco había tirado piedras, no quiso bajar.