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LA RUTA DE CORTéS. ETAPA 1: EL INICIO

Por
Rodulfo Araujo Matus (Rod)
18 a 20 Nov, 2005
 

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Galería de Fotos de esta CrónicaLA MANCHA Y EL FINAL DEL SEGMENTO, DOMINGO 20 DE NOVIEMBRE DE 2005


Al amanecer, los primeros en levantarnos fuimos a caminar un rato por la playa. Había estudiado el mapa y sabía que deberíamos empezar a despegarnos de la playa porque vendrían unos roqueríos. Comencé por buscar veredas que fueran bordeando la laguna al sur de Farallón. Había una muy ligera brisa (también había pronóstico de lluvia para el día, pero nunca llegó).

Pronto estábamos sobre una vereda pero yo estaba muy nervioso, porque oía disparos y voces a lo lejos, pero por todo el piso había cartuchos. Trataba de hablar muy fuerte y creo que en algún momento grité "¡Hay alguien!" o "¡Buenos días!" o algo así, para que se dieran cuenta que estábamos pasando. Afortunadamente no tardamos mucho en llegar al final de esta propiedad, donde saltamos una reja.

El grupo siguió un precioso camino de tractores entre verdes cultivos, mientras que una borregada me seguía, y no eran precisamente electores para mi campaña, sino un gran rebaño que venían balando "meeee" y "beeee", el cuadro fue muy chistoso. Venían un poco hambrientos porque el desayuno habían sido panes y jugos comprados la noche anterior. Érika para variar recitando el chimpachole que su mamá le había dicho que buscara.

Tras un rato de caminar y de venir pasando enrejados (todas las puertas sujetas con una cuerda porque en realidad son sólo para delimitar linderos y evitar el flujo de animales de granja), cruzamos un pequeño caserío y cambiamos de nuevo el rumbo hacia la playa. El camino que seguíamos era ahora una terracería para autos, muy parejita y bien hecha, por la que iban y venían vehículos con logos de la UNAM. Nos acercábamos a la laguna de La Mancha.

Llegamos por fin a unas cabañas muy bonitas, con jardines perfectamente arreglados y que olían a nuevo. Un letrero anunciaba que era un proyecto ecoturístico del Ejido de La Mancha. A tan sólo unos cientos de metros más estaba la entrada al Centro de Estudios Oceanográficos de La Mancha. Quien sabe qué tanto se detuvieron ahí a chismear y tomar agua, les dije que siguiéramos a la playita que estaba a la vuelta pero no me hicieron caso. Decidí adelantarme y de una vez ver de cerca el famoso banco de arena que separaba la laguna del mar. Me tenía nervioso que fuera un paso de marea y estuviéramos a mala hora.

Llegando a la playa lo que me encontré fue completamente inesperado. El banco de arena ahí estaba, muy curioso, era tan sólo como de 5 metros de ancho, esa era la separación entre la laguna y el mar, pero también había puestos de comida, palapas y un letrero que anunciaba que esa era la Playa de La Mancha, y las reglas de uso por ser área de conservación. Mis compañeros me alcanzaron unos momentos después para verme sentado frente al mar tomándome una Coca y mientras me preparaban un Vuelve a la Vida. La cara de Érika se iluminó cuando le dije las palabras mágicas: "mira el menú", dándoselo del lado que anunciaba el mentado chimpachole.

Al platicarle a la señora que estábamos haciendo la Ruta de Cortés y preguntarle si había tradición de que Cortés y los españoles hubieran pasado por ahí, fue muy cómico lo que contestó. Decía que ella no lo había conocido pero que su difunto tío había atendido la marisquería por mucho tiempo y que seguramente él los había atendido, pues había conocido a mucha gente y la playa había sido más popular antes...

Habremos estado ahí más de una hora, por fin decidimos continuar. Aunque el mapa marcaba un camino que bordeaba la laguna, me preocupó un poco ver lo cerrado de la maleza y decidí irnos por el lado del mar, que era un roquerío, y buscar ese camino del otro lado, pasando la laguna. Fue divertido ir brincando boulders, aunque mis rodillas protestaban, las de Óscar tampoco venían muy bien y Lety no se sentía cómoda caminando entre piedras.

Por fin le salimos a la playa siguiente, que si seguíamos conectaría con Chacalacas, pero nos alejaría de nuestro destino, Zempoala. No encontraba la forma de conectar con el camino que venía rodeando la laguna, estaba a unos 100 metros de nosotros pero había mucha vegetación muy cerrada, espinas, plantas urticantes, etc. Entre todos fuimos buscando la forma de pasar la maleza y por fin, metro a metro, encontramos un túnel entre la maleza que nos sacó al camino.

Nuevamente un camino hermoso, que iba bordeando un pantano que ni siquiera aparecía en el mapa, a pesar de ser grande. De emergencia nos tuvimos que vaciar el repelente y poner cuanta prenda pudimos, porque enjambres de moscos nos cubrieron. Caminamos aprisa para salir de la proximidad del pantano y los moscos lo más rápido posible. Un rato después llegamos a donde una ceiba rara, donde nos fotografiamos, pero que lamentamos estuviera llena de basura.

Era una oportunidad ya de evacuar hacia la carretera, y veía que Anita ya venía débil. A lo lejos, sobre la vegetación, hacia el sur, se veía una torre de microondas de Pemex. Le pregunté a Anita que si aguantaba llegar a ella y a Lety que si no tenía problema en llegar una hora más tarde de lo que habíamos estimado. Ambas estuvieron de acuerdo en este último esfuerzo, que representaba 4 km más de avance. Los demás venían aun muy motivados, pero sabía que Óscar venía también sufriendo de las rodillas.

Finalmente, exactamente una hora después, como había calculado, llegamos a la torre de microondas y la planta de Pemex, y de ahí fue salirle a la carretera costera que estaba a un kilómetro. Fue el kilómetro más tronador y doloroso para mí, pues al pisar el asfalto, las tres ampollotas que tenía se hicieron evidentes.

Poco a poco nos congregamos los 7 en la orilla de la carretera para esperar el camión a Cardel, transbordar a Xalapa y regresar a Puebla y México. Eran como las 2 de la mañana del lunes cuando llegué a casa, muy emocionado porque la Ruta de Cortés estaba excediendo mis expectativas.

Unos días después, Érika nos mandó un mapa con la ruta registrada con su GPS, y la noticia de que habíamos recorrido 35 km o algo así. Anita prometió comprarse otro sleeping bag (y entrenar más).



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Rodulfo Araujo Matus (Rod)

Rod ha sido montañista y excursionista por muchos años, con algunas incursiones en ciclomontañismo y espeleísmo. Radica en la Ciudad de México y es el editor de XPMexico.com


 
Añadido: Feb 7, 2006Actualizado Feb 7, 2006Leído 3635 veces
 

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